Ya sé que el título que he elegido para este artículo no es nada original, y desde luego no he pretendido que lo fuera, pero la pregunta en sí misma quiere hacer una referencia a si somos más dependientes de nuestros genes o de nuestro entorno o experiencias vitales.

Me gustaría puntualizar que hablo del líder en el sentido más restrictivo del término que el que define nuestra Real Academia de la Lengua, ya que ésta engloba en su acepción, tanto al líder como al jefe, y evidentemente no es lo mismo. El liderazgo requiere del reconocimiento, por parte de los integrantes del grupo, de sus habilidades y capacidades, más allá de su situación de rango, o de sus distintivos personales.
El líder debe tener inteligencia en el sentido global de la palabra, capacidad de acción, y de sacrificio, y dotes de mando, e incluso, sería aconsejable pedir también que tuviera lealtad hacia el equipo que lidera, pero esto no siempre es así.

Vistas cada una, las características que acabo de mencionar, es obvio que en todas ellas hay un trasfondo claro de personalidad que en cierta manera está condicionada por el componente genético, pero no es menos cierto que, en numerosas ocasiones, estas características pueden ser adquiridas, se pueden entrenar, e incluso, potenciar.

El solo paso del tiempo hace que si nos esforzamos, nuestros conocimientos aumenten, nuestros criterios se acrecienten, como también lo hacen nuestras dotes de mando. La capacidad de acción y sacrificio es algo que podemos decidir a nivel personal. Se trata de un componente esencial en todos los órdenes de la vida, pero es evidente que debe ser algo ineludible si pretendemos convertirnos en líderes.

Nassim Nicholas Taleb, economista heterodoxo, conocido sobre todo por su obra “El Cisne Negro”, es también el autor de un libro muy recomendable, cuyo título “¿Existe la suerte?, Engañados por el Azar”, nos da una idea bastante clara de su contenido y, a modo de resumen, viene a indicarnos que el liderazgo, y en cierta medida, el éxito del mismo, depende de muchas circunstancias, en muchos casos poco predecibles.

En la disyuntiva propuesta en el título, “se hace“es seguramente mucho más importante que “se nace”, e inconscientemente podemos volcar nuestros esfuerzos, nuestras energías y capacidades para lograr el comprometido objetivo de liderar algo, luego la suerte y las circunstancias conspirarán a favor o no de su consecución.

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María Jesús Lorente

Presidenta ARAME